miércoles, 12 de septiembre de 2007


"El hombre es una pasión inútil."
Jean-Paúl Sartre




… ehh……

No sabría como titular esto…

Denominación: carta de autoexploración psicológica…

Que titulo mas extraño para una terapia…

¿Sabes? hace mucho que no escribo, aproximadamente tres años.

Escribir me servia para exorcizar temores, para plasmar sentimientos o como simple ejercicio mental.

Pero, hace aproximadamente tres años, deje de escribir.

Ocurrió un suceso capital en mi existencia, un golpe a la línea de flotación de mi vida, algo de lo que no es tan sencillo huir.

Acontece la muerte como fin de la vida, el eterno ciclo que nunca se acaba y que a todos nos llega. Aparece entonces la ausencia, un ser querido que deja de existir, con todo lo trágico que conlleva la inexistencia. Temo enormemente a la muerte, como algo imposible de razonar, ni de imaginar. Siquiera planteármelo, me llena de angustia.

La ausencia de mi madre me mostró cuan miserable y frágil es la existencia. A raíz de su muerte, experimente un profundo desarraigo, sentí una crudeza inexplicable y mis problemas se me hicieron mas presentes que nunca.

Sentir lastima por una misma, asqueamiento, ser conformista, buscar el hedonismo mas salvaje como forma de evasión, tratar de olvidar que mi vida es una mierda llena de cosas que son igualmente una mierda…

Pensando y pensando, descubrí que realmente mi vida era una mierda desde siempre (entendiendo como vida mierda y alienada lo anteriormente descrito). Siempre he sido terriblemente apática. Me enseñaron desde niña a no buscar en el mundo, a ser conformista y no tratar de volar, a encerrarme en la familia… a ser precisamente como eran mis padres, sin desearlo.

Ja, ja, ja…. Disculpa, pero en momentos así, me da la risa. Es bueno ser cínica en ocasiones… de hecho es lo que mas me reconforta, y lo que hace que me sienta cuerda. Si no, tal vez seria un vegetal… ja, ja…. Una camelia, a mi madre le encantaban…

Ufff, tanto tiempo instalada en la apatía, sin ninguna ilusión, sin nadie a quien acudir…
Te preguntaras por que no te hablo de amigas en esta carta.

Es que no las hay. O tal vez si.

No se que decirte. Tenia amigas a las que despreciaba por que creían ser dueñas de vidas muy maravillosas y plenas, pero en realidad tenían vidas de mierda que apoyan en estupideces y mentiras, que solo ellas se creen… Son unas estupidas, de la peor clase, pretenciosas…

¿Amigos? La amistad entre chicos y chicas no existe. Es una lección que aprendí con Darío y que nunca podré olvidar.

Todo esto en cierto modo, hizo que me fuera apagando, me moría en vida. Por eso decidí acelerar el proceso. Nunca he sabido tener paciencia.

El resto ya lo sabes.

No me apetece escribir más. Ya hablamos…




lunes, 3 de septiembre de 2007

Ati



Entraba en casa, y tu siempre me sonreías; corría por el pasillo, y al fondo como un tesoro, encontraba a la abuela, teje que te te teje. Recuerdo haberla mirado durante horas, embobado, mientras ella cantaba:

"La virgen del pilar me ha dicho....."

¡Que tapetes tan bonitos hacia!

Luego llegaba la hora de la merienda, siempre cosas ricas, nocilla, salchichón, un trozo de chocolate con pan...

Veíamos juntos las historias de esa princesa que tanto te gustaba, y a aquel hombre calvo, tan serio y bonachón...¡Menudas historias de miedo contaba! Siempre atareada, leías poco, pero te encantaba observar, te encantaba soñar, ¿verdad? Sobre todo, te encantaba vivir. Recuerdo a Jacinto, viniendo a buscarte con su moto, tus historias de Alemania, la vez que acogiste a aquellas dos chicas en tu casa, tus pareos en la piscina, tu sonrisa picara...

A tu hermano, no lo recuerdo; se que jugaba conmigo al fútbol, y que se llamaba como tu.

No cometeré ese error contigo, no te olvidare nunca.

Duerme tranquila, yo velo tu sueño...